Valoración: 8,2 sobre 10. Una de las "sorpresas" de la gala de los Óscars celebrada -como ya sabéis todos- ayer mismo fue la del premio a la mejor película extranjera -la argentina El secreto de sus ojos (2009) se llevó el gato al agua-, que contaba con dos grandes favoritas, la alemana La cinta blanca (2009) y la francesa Un profeta (2009). En mi opinión las tres son grandes películas -mi preferida era La cinta blanca- y están por encima en calidad de cualquiera de las que eran las 10 candidatas al Óscar a la mejor película -salvo Up (2009)-.
Ganadora del Gran Premio del Jurado en Cannes, 2 Premios del Cine Europeo y triunfadora en los últimos Premios César -con 9 galardones-, Un profeta nos cuenta la historia de un joven árabe, Malik (Tahar Rahim), de apenas 19 años que ingresa en prisión para cumplir una pena de 6 años. Dentro la vida es muy dura, pero el joven desplegará poco a poco un potente carisma y una gran inteligencia para hacer frente a los miembros de la mafia corsa, dueños y amos de la prisión.
Ciertamente Un profeta está excelentemente concebida, dirigida e interpretada. Es una película muy dura e intensa, que sorprende, conmueve y cautiva. Su factura es natural, no tiene concesiones gratuitas, contiene un duro mensaje, y sabe conjugar profundidad psicológica, tensión natural y suspense. No creo que se pueda encasillar esta película en ningún género concreto, y aunque su posición natural está dentro del género carcelario, tiene mucho de thriller, y también hay un fuerte componente drámatico.
Y es que Jacques Audiard hace emerger de la nada a un delincuente (Malik) que no sólo logra adaptarse a un medio tan hostil como el de la prisión, sino que llega a beneficiarse de él usando su instinto de supervivencia e inteligencia emocional. Es en esa jungla de clanes mafiosos, racismo y lucha de poder, donde Jacques Audiard deja a su suerte a Malik. Pero no lo deja sólo, lo acompaña permanentemente con su cámara para que el público le siga de cerca y empatice psicológicamente con él.
Malik dará sus primeros pasos con astucia y sin dejarse ver, aprendiendo y asimilando todo cuanto esté a su alcance. Y a partir de aquí adaptación y dominio del medio en estado puro. Aprenderá de las dos mejores escuelas: una dura y cruda, la de la calle -pero desde el interior de la cárcel, con un Niels Arestrup magistral en el papel de César- y otra la de su instinto natural -arrimándose a la sombra que mejor cobija, manteniendo las distancias, aprendiendo a leer y escribir y, sobre todo, escuchando la voz de su conciencia-.
Jacques Audiard se ha preocupado de captar la atmósfera de la prisión de forma natural, en toda su crudeza y dureza. Pero sobre todo se ha preocupado de situar la cámara a la sombra de Malik -excepcional el estreno como actor de Tahar Rahim, no por interpretar a Malik, sino por convertirse en él-. Otro de los hechos que constatan que el director francés ha logrado superarse es su montaje. A lo largo del film se va notando un aumento de tensión y desasosiego en todos sus planos combinados con una banda sonora muy bien conjuntada con la imagen.
El final del film -que no voy a desvelar- queda muy bien reflejado en las palabras del propio Jacques Audiard “Esta es la historia de un hombre que llega a una posición que nunca habría alcanzado de no haber estado en prisión, lo que encierra una paradoja”. Su conclusión rubrica una transformación que se va cobrando a lo largo de la película y que nos hace ver como encerrado el joven Malik tendrá remordimientos, miedos, frustración e incluso añoranza, pero también habrá en él unos cambios que asustan: su mirada se ennegrecerá, su corazón se endurezerá, su rostro envejecerá y, ante todo, ese chaval llamado Malik El Djebena se transformará en un hombre.
Como curiosidad decir que las dos grandes triunfadoras este año en el cine español y francés han sido precisamente de un género no precisamente dado a triunfos en festivales, el carcelario. Por favor, no os las perdáis.
Ganadora del Gran Premio del Jurado en Cannes, 2 Premios del Cine Europeo y triunfadora en los últimos Premios César -con 9 galardones-, Un profeta nos cuenta la historia de un joven árabe, Malik (Tahar Rahim), de apenas 19 años que ingresa en prisión para cumplir una pena de 6 años. Dentro la vida es muy dura, pero el joven desplegará poco a poco un potente carisma y una gran inteligencia para hacer frente a los miembros de la mafia corsa, dueños y amos de la prisión.
Ciertamente Un profeta está excelentemente concebida, dirigida e interpretada. Es una película muy dura e intensa, que sorprende, conmueve y cautiva. Su factura es natural, no tiene concesiones gratuitas, contiene un duro mensaje, y sabe conjugar profundidad psicológica, tensión natural y suspense. No creo que se pueda encasillar esta película en ningún género concreto, y aunque su posición natural está dentro del género carcelario, tiene mucho de thriller, y también hay un fuerte componente drámatico.Y es que Jacques Audiard hace emerger de la nada a un delincuente (Malik) que no sólo logra adaptarse a un medio tan hostil como el de la prisión, sino que llega a beneficiarse de él usando su instinto de supervivencia e inteligencia emocional. Es en esa jungla de clanes mafiosos, racismo y lucha de poder, donde Jacques Audiard deja a su suerte a Malik. Pero no lo deja sólo, lo acompaña permanentemente con su cámara para que el público le siga de cerca y empatice psicológicamente con él.
Malik dará sus primeros pasos con astucia y sin dejarse ver, aprendiendo y asimilando todo cuanto esté a su alcance. Y a partir de aquí adaptación y dominio del medio en estado puro. Aprenderá de las dos mejores escuelas: una dura y cruda, la de la calle -pero desde el interior de la cárcel, con un Niels Arestrup magistral en el papel de César- y otra la de su instinto natural -arrimándose a la sombra que mejor cobija, manteniendo las distancias, aprendiendo a leer y escribir y, sobre todo, escuchando la voz de su conciencia-.Jacques Audiard se ha preocupado de captar la atmósfera de la prisión de forma natural, en toda su crudeza y dureza. Pero sobre todo se ha preocupado de situar la cámara a la sombra de Malik -excepcional el estreno como actor de Tahar Rahim, no por interpretar a Malik, sino por convertirse en él-. Otro de los hechos que constatan que el director francés ha logrado superarse es su montaje. A lo largo del film se va notando un aumento de tensión y desasosiego en todos sus planos combinados con una banda sonora muy bien conjuntada con la imagen.
El final del film -que no voy a desvelar- queda muy bien reflejado en las palabras del propio Jacques Audiard “Esta es la historia de un hombre que llega a una posición que nunca habría alcanzado de no haber estado en prisión, lo que encierra una paradoja”. Su conclusión rubrica una transformación que se va cobrando a lo largo de la película y que nos hace ver como encerrado el joven Malik tendrá remordimientos, miedos, frustración e incluso añoranza, pero también habrá en él unos cambios que asustan: su mirada se ennegrecerá, su corazón se endurezerá, su rostro envejecerá y, ante todo, ese chaval llamado Malik El Djebena se transformará en un hombre.Como curiosidad decir que las dos grandes triunfadoras este año en el cine español y francés han sido precisamente de un género no precisamente dado a triunfos en festivales, el carcelario. Por favor, no os las perdáis.
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